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De Soledad solo le queda el nombre
Soledad Silveyra, 18 años, se casará en septiembre con Jose María Jaramllo, 24 años, heladero, estudiante de sociología.
La primera vez que la vi fue en Don Segundo Sombra, pero yo no tenía idea de que esa actriz se llamaba SOLEDAD SILVEYRA. Claro que me gustó su trabajo y su expresión, pero estaba muy lejos de saber quién era.”
Jose ( se pronuncia sin acento en la E) enciende un cigarrillo rubio para su novia, que está terminando de almorzar después de un movidisimo dia de grabación en Canal 13, son algo más de las cuatro la tarde.
Jose insiste: “es que yo miro muy poca televisión y casi no veo películas nacionales, no conozco el ambiente como para reconocer a una persona después de verla en una cinta.” Su novia se hace cargo del cigarrillo y del silencio: “Yo así es, nos vamos a casar entre fines de setiembre y principios de octubre. Cómo lo resolvimos? Supongo que un poco en serio. De pronto, lo más importante fue decidir que estariamos juntos.” Soledad tomará en seguida un café con la misma naturalidad con que explica cómo es este asunto de estar enamorados. “El se llama Jose María Jaramillo, tiene 24 años y es heladero.” Ella, obviamente, se llama Soledad Silveyra, tiene 18 años y es actriz, según una vocación que le viene desde muy chica, cuando su mayor entretenimiento consistía en imitar a Pinky. El heladero y la actriz no se conocían ni siguiera a través de las pantallas.
Jose María tiene una amiga que se llama Silvia Engel. Y por allí viene despacio el encuentro, porque Soledad tiene esa misma amiga y una falta de compromiso que le ha quedado después de su ruptura definitiva con Enrique Liporace. Silvia opinó: “ustedes deben conocerse, porque estoy segura de que se van a gustar.” Y se conocen una noche de noviembre del año pasado, entre el ruido de Afrika, la música, el whisky y la desconfianza de la primera vez.
Cuando se despides después de una noche de pequeña prueba, Joce la mira a los ojos y le afirma:”Hay que tener una sola personalidad.” La cambiante Soledad acusa el golpe: “Qué se habrá creido este chico?, debe suponer que tiene muchisima experiencia como para darme semejante consejo.” “Fue el jueves – explica Jose - , el viernes la llamé por teléfono, pero no estaba.” “Desde luego que no estaba – viene la réplica - , ese mismo fin de semana me fui a navegar con un amigo, Rafael Aragón, con la hija de papá Cecil y con mi hermano Máximo. Cuando regresamos a casa me enteré de que el señor Jaramillo había llamado tres veces. El lunes por le mañana llegó un ramo de rosas. El lunes por la tarde, me fui a buscar con mi mamá, Silvia, el hermano de Silvia, mi abuela y mucha gente más a la filmación. Yo estaba haciendo Gitano, con Sandro. Me habían ubicado sobre un practicable y me enfocaban con una cámera desde abajo. Estaba vestida de odalisca y me divertía muchisimo con el personaje. Levanté la cabeza y lo vi venir, el señor Jose María Jaramillo, con su barba,vestido con un traje beige claro, una camisa blanca y una corbata marrón. Reconozco que me impactó. Aunque no tiene nada que ver con mi supuesto hombre ideal, fisicamente me parecía buen mozo pero nada más. Sin embargo, lo vi venir y pensé: qué bárbaro!”
En el antiguo departamento de la calle Talcahuano, donde Soledad vivió siempre, muy cerca de Tribunales, la pareja estrena los primeros recuerdos y los necesarios proyectos. Pronto tendrán un departamento en algún lugar entre Beigrano y el centro, que amueblarán con los viejos muebles de le casa de Martínez, donde vive Jose con su hermana Ana y su cuñado. Una casa inmensa, que quedó desmantelada después de la muerte de Delia Machinandarena de Jaramillo, la madre de Jose, ex cónsul en Roma y Nápoles durante el gobierno-Frondizi. “Soy estudiante de sociología - dice él, muy suavemente - , vivi un tiempo en Europa y Asia Menor. Mi padre y mi abuelo fueron abogados. Yo también ingresé en Derecho y di ocho materias, pero finalmente comprendí que me preocupaban más los problemas sociales, y me pasé a Sociología. Estoy cursando tercer año”. Un brevísimo silencio, tanto como para acompañar lo que va a decir con una pitada: “Parece difícil que Soledad y yo podamos convivir teniendo profesiones tan diferentes. Pero lo que quiero de ella son sus valores como ser humano, aunque además pienso que es una buena actriz, que deberá realizarse en el futuro, profundizando más su carrera. A mi me interesa la mujer, si fuese médica la querría lo mismo”. Ahora se han sentado juntos.
Jose es sereno, retraído, pero cordial. “ Y un poco tímido, también – aclara Soledad - . Lo que más me gusta de él es su seguridad, la confianza que tiene en su capacidad. Creo que son las cosas de Jose lo que me enamoraron: saber que intelectualmente es superior a mi, que puedo confiar en lo que sabe”. Jose permanece en su lugar de novio de la mujer que quiere, a la que ha visto durante todos los dias desde noviembre del 69, con la que logra la mejor de las comunicaciones a nivel humano y con la que comparte su tarea veraniega. “Tengo una heladeria en La Salada, un puesto dentro del balneario – confirma el sociólogo – donde se vende leche chocolatada, panchos, helados, sandwiches. Mi socio es a la vez mi primo y mi mejor amigo: Diego Machinandarena. Vamos desde noviembre a marzo y ganamos lo suficiente como para vivir durante el año: se puede sacar entre cinco y seis millones de pesos”. “En el último verano yo me diverti enormemente vendiendo helados y atendiendo la caja – Soledad Silveyra se ríe, achicando un poco los ojos - .Una mujer me miraba y decia: no, no puede ser, es igualita a la Silveyra, pero como va a estar aquí vendiendo helados. Yo, por supuesto, la convencía: se imagina señora la plata que tendría si fuese Soledad Silveyra ... Hasta que me descubrieron y ya no pude estar más detrás del mostrador. Era gracioso cuando me decían: chica, me da uno de chocolate y crema. Me dolian los brazos de hacer fuerza, pero pocas veces disfruté tanto”.
El heladero también se ha puesto a sonreír, su trabajo, como cualquier otro,tiene el encanto de lo que se hace con alegría. Ellos han decidido hacer todo con alegría y el más riguroso de los tiempos presentes. “Jose tampoco prevé demasiado para el futuro – es Soledad la que explica - , vivimos este momento, sin ahorrar, con el casamiento encima y el departamento sin aparecer. La luna de miel no sé si la pasaremos en Rio o en Bariloche. Lo único que supongo es que trataré de ordenar un poco mi trabajo para pasar más horas con él. Pero creo que lo bueno es esto: quererse y vivir este amor, ahora. Ahora que somos jóvenes y estamos juntos. Yo soy desconfiada por naturaleza, pienso que el hombre siempre es infiel, que en cualquier momento puede traicionar: sin embargo siento que Jose María está firmemente a mi lado y eso eslo que me importa. Me gusta que mi hombre esté siempre un paso por delante de mí, aunque muchos digan que eso es de otra época. Esta unión deberá ayudarnos para que él resuelva su vida, para que no se detenga y para que me ayude a hacer más linda y más profunda la mia”. Jose la mira y le enciende otro cigarrillo.
Para este estudiante de sociología, dueño de una gran sensibilidad, silencioso, pensador vocacional, que ha perdido hace muchos años a su padre y hace apenas uno a su madre, para este heladero, Soledad Silveyra pasó a ser la persona más importante que vive en este mundo. Para esta actriz espontánea, intuitiva, que acepta todos los momentos propicios para divertirse, que disfruta de la vida y de su profesión. Jose María Jaramillo (que no tiene nada que ver con su ideal de hombre) se ha transformado en el hombre, el que se elige para vivir.
Maria Ammi
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