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Clarita y Guevara al desnudo
A partir del éxito que tuvieron en Campeones, doblan la apuesta: a fin de mes estrenan en teatro El Cuarto Azul, donde tienen que desnudarse. Ella dice: Confío más en los músculos de Guevara que en mi cola.
Se ríen como chiquilines, se abrazan y se tocan sin dar muchas vueltas a la hora de las fotos. Ella está preocupada por conseguir un maquillaje para el cuerpo que sea liviano y no manche la ropa. El, en cuestión de imagen, parece tenerlo todo resuelto. Sobre este asunto -y vaya a saber uno cuáles más- se hacen bromas que sólo ellos entienden. Pero también hacen chistes para que entiendan los demás. Son un par de profesionales jugando a ser pareja. Y permitiéndose el intento de convertirse en amigotes, en un medio donde mucho de lo que brilla es barro y la gente macanuda suele terminar a las patadas.Soledad Silveyra y Osvaldo Laport apenas si se habían cruzado un par de veces antes de que Campeones y el público dieran el okey total a esa pareja. Y basta verlos juntos para saber por qué. Hacia afuera: un cruce de miradas, poses y gestos destinado a elevar temperaturas; hacia adentro, toda la complicidad de quienes saben qué cosa están manejando y quieren hacerla crecer. En los últimos días de diciembre Guevara y Clarita tendrán que hacerse necesariamente a un costado para dejar lugar a los diez personajes de El cuarto azul, la obra de Arthur Schnitzler que, en su estreno londinense, hizo hablar al mundo entero del desnudo de Nicole Kidman. En la puesta argentina Silveyra y Laport también aparecerán, en un cuadro, totalmente desnudos. Pero acá la Nicole Kidman es él -aclara Solita con el paraguas abierto-. Espero que vendan más los músculos de Guevara que mi pobre cola. De hecho, en la versión original también quedaba más expuesto el actor inglés, que era maravilloso, pero como nadie lo conocía, sólo se habló del desnudo de Kidman. Así estos dos actores van hablando de la obra, y de la tira de Canal 13, y de las parejas, y de sus parejas: entre risas, entre palabras de elogio mutuo y bastante tranquilos ante un desafío que respaldan nada menos que 30 puntos de rating. Porque El cuarto azul está muy lejos de Campeones. Pero ellos siguen siendo ellos, y una pareja convocante no nace todos los días. ¿Cuál es el secreto que hace que dos actores funcionen como pareja? ¿Qué hace que el público la crea, la compre, la siga? Silveyra: En el caso de Campeones, lo que ha pegado es fundamentalmente el personaje de Guevara. No es como Roxy y Panigassi en Gasoleros. Acá Guevara es Guevara, más allá de Clarita y de quien venga. Creo que de todas maneras la pareja tiene una química especial. ¿Y cómo se descubre esa química?Silveyra: Hay... hay... algo de lo que vos como actor te das cuenta recién cuando empezás a trabajar. Aunque alguien lo haya descubierto antes, por ejemplo El Chueco (Adrián Suar) que nos juntó. Pasa por cómo te mirás, cómo lo esperas al otro, cómo te vas metiendo dentro de tu compañero. Es laburo también, no es algo que sólo se de mágicamente. Lo nuestro con Osvaldo es como una química al servicio del laburo. No necesitamos comunicarnos desde nuestras intimidades para poder llegar a esa química. No hay subtextos. Yo adoro a Viviana (Sáez, la mujer de Laport desde hace 20 años), a Jazmín (su hija), él a Mariano (Franco, el novio de Silveyra). Cuando uno trabaja desde ese lugar es bárbaro. Se accede a un nivel de confianza mucho mayor inclusive, porque no hay psicopateada, no hay engaños... Laport: De confianza y de absorción. Yo observo a Solita, veo que jamás está de mal humor aunque tenga sus problemas, y eso me sirve para aprender, porque yo soy más explosivo. Los dos somos payasos y a la vez somos bastante obsesivos para trabajar, y en eso nos parecemos mucho. Hay entre los dos un respeto que es fundamental.Silveyra: Es un vínculo muy sano. (De pronto estalla en carcajadas). Esta nota termina el año que viene con el casamiento de Solita y Laport.Ingresado al proyecto de El cuarto azul al retirarse de él Gerardo Romano, y de la mano de la propia Silveyra, Laport hace así su debut en teatro después de unos lejanos -y poco conocidos- primeros pasos. Y el asunto, quiera o no, lo desvela. Soy un agradecido por mi carrera, pero está claro que cargo con el rótulo de galán de televisión y eso obviamente me produce inseguridades. Tal vez uno debería bajar la persiana y cagarse en todo eso, pero es casi imposible, reconoce. Ella, que siempre hizo teatro (incluyendo aquel famoso desnudo de sus pechos en El hombre elefante) se ocupa de tranquilizarlo. Y él se lo retribuye.Por lo pronto se ocupa de que el escote del ajustado vestido de ella no deje al descubierto más de lo conveniente y, cuando ella estira los brazos delante de la cámara le pregunta, discretísimo, si recordó depilarse las axilas.Ustedes venden pasión, pero se cuidan como hermanos...Laport: Nos cuidamos mucho. Sin ir más lejos, ayer mientras almorzábamos le pregunté hasta dónde hubiera sido más fácil si este proyecto lo hubiese encarado con un actor de mayor trayectoria teatral. Es como hacer la pregunta ¿qué necesitás de mí? Ayudame, encaminame, decime lo que quieras, estoy aquí, si me equivoco hacemelo notar.Es casi como si estuvieras hablando de una relación sexual... Laport: Claro, si hay confianza entre los dos es así.
Domingo 17 de octubre de 1999
ADRIANA BRUNO
http://www.clarin.com/diario/1999/12/05/c-00801d.htm
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