|
Los campeones del deseo
El próximo verano, en Mar del Plata, Soledad Silveyra y Osvaldo Laport protagonizarán la controvertida obra "El cuarto azul", cuyos desnudos en escena provocaron escándalos en Broadway
Una antigua caballeriza reciclada de Palermo Viejo, hoy transformada, es el espacio que la productora de "El cuarto azul" alquiló para que Soledad Silveyra y Osvaldo Laport ensayen la obra que estrenarán este verano en Mar del Plata, con la dirección de Nacha Guevara. Por razones estratégicas, el lugar está ubicado a la vuelta de Pol-ka, donde todos los días los actores convocan a dos millones y medio de espectadores como Clarita y Guevara, los protagonistas de "Campeones".
¿Cómo se bancan tantas horas juntos y, para colmo, con la perspectiva de trabajar en continuado en el verano? "No... no entremos en intimidades", ironiza él. "A veces nos miramos y decimos: "Salí, no te quiero ver más"", acota ella.
Pero justamente de intimidades se trata "El cuarto azul", la pieza de David Hare que encabezó Nicole Kidman en pleno jaleo de Broadway y que acaparó cientos de páginas de diarios y revistas por el desnudo que la esposa de Tom Cruise hacía cada noche en el teatro Cort de la calle 48.
Tal vez ese mismo efecto mediático se repita con la pareja local que tiene la suerte de gozar de las ventajas de la popularidad televisiva. "Mi relación con Solita es algo mágico ", afirma Laport/Guevara. "Yo tenía exactamente la misma palabra", insiste Silveyra/Clarita.
El proyecto viene gestándose desde hace tiempo. El productor Pablo Kompel, del Paseo La Plaza, la convocó a principios de este año para "El cuarto..." y ella partió hacia Nueva York para ver de qué se trataba aquella puesta que ratoneaba a miles de norteamericanos.
En principio, Gerardo Romano iba a ser el protagonista, hasta que dio el portazo. "Me parece un texto flojo y aburrido", le dijo a La Nación el mes último.
La cosa no venía fácil. El otro punto era la elección del director para esta obra inspirada en "La ronda", de Arthur Schnitzler. La responsabilidad recaerá finalmente en Nacha Guevara, en su primer trabajo de dirección teatral.
Pero a Silveyra aún le faltaba un compañero : "Cuando Romano se retiró empecé a buscar. A Osvaldo lo fui descubriendo como actor en "Campeones". Me conmovió cómo reflexionaba en relación con el personaje. Lo vi trabajar como hacía tiempo que no veía. Estoy exagerando para fijar ideas porque no pensé que fuese tan profundo en el trabajo. Sentí que tenía ganas de trabajar con él en teatro, que es otro universo, y se lo planteé incluso desde la duda".
La lista de cuestionamientos era larga: si les convenía hacer televisión y teatro juntos, si el público al que se dirigían era el mismo o diferente, y -fundamentalmente- si era ético o no, en relación con Adrián Suar, dueño de la marca "Campeones". Hasta tal punto que se le ofreció participar de la producción de la pieza.
"Cuando Osvaldo dio el sí, Kompel habló con Suar porque se trataba de la pareja de la telenovela -explica la ex chica Migré-. Una cosa es que yo haga teatro por un lado, y otra, que lo haga la pareja de "Campeones". Suar tuvo una actitud muy generosa. "Yo acá no voy en nada", dijo. No está en la producción y está feliz de que hagamos teatro juntos."
En medio de las grabaciones, Solita encaró al boxeador de "Campeones", que tardó, según confesó, tres capítulos en dar el sí. "Hacía muchos años que estaba buscando una actriz de teatro para volver a las tablas. Mis primeros pasos fueron en un escenario, después la televisión me absorbió", apunta Laport.
-¿Buscabas una "actriz de teatro" por seguridad?
Laport: -Vivimos una sociedad intelectualoide que cree que los actores que hacemos televisión no podemos hacer otra cosa. Soy un defensor de la TV, tiene el mismo valor que las tablas o que el cine.
-Pero "Pum", la obra de Hugo Moser que protagonizaste el año último, ¿dónde queda?
Laport: -Fue una inyección para perder el temor a las tablas.
-Te sirvió para romper el hielo, pero fue un fracaso.
Laport: -Pero, ¿qué es el éxito y qué es el fracaso? Para mí los fracasos son éxitos, porque "Pum" fue una manera de perder el distanciamiento con el teatro y una forma de volver a foguearme, de estar en contacto directo con el público.
-¿Por qué "El cuarto azul"?
Laport: -Por lo audaz, porque es transgresora. Es una obra caliente.
Silveyra: -Debería ser, como decía Schnitzler, una danza del sexo.
Laport dice "caliente" y Silveyra, dice "danza del sexo". Pero, ¿qué pasa en "El cuarto azul"? La obra es una cadena de diez escenas con un antes y un después bien delimitado: el acto sexual. "Cada cuadro cambia por la manera en que los personajes manejan su sexualidad", apunta Silveyra porque, en esta ronda, un abismo puede separar a seres tan distintos como una prostituta, un político o un aristócrata.
Cuando el espectáculo se estrenó, en Londres, la crítica sostuvo que era "puro Viagra teatral". No sería desatinado pensar que la pieza podría funcionar aquí como una proyección de un deseo no concretado en "Campeones": mientras el beso entre Clarita y Guevara generó un escándalo en la trama, por las noches Silveyra y Laport tendrían su revancha.
"Nuestro desafío como actores es que la gente vaya al teatro y tal vez piense que va a ver a Clarita y a Guevara y se encuentre con cinco personajes absolutamente diferentes -aclara Silveyra-. Ahí se tiene que ver nuestra calidad. Si somos capaces de que aparezca esa calidad, ya quedamos más allá de Clarita y Guevara, pero en un sentido positivo. Este desafío implica que la gente amplíe su espectro."
Lo cierto es que el público es impredecible. De hecho, en Estados Unidos, el desnudo de Kidman acaparó mucho más la atención que la obra en sí misma. "Eso es normal -apunta el actor-. Uno de los temores con Solita es que de pronto durante la obra griten «Vamos, rubia» o «Dale, Guevara», y esto es inevitable."
"No sé si es inevitable -interrumpe la Kidman local-. Si de entrada le mostramos a la gente las armas con las que estamos jugando, no sé si se atreven. El respeto lo impone uno. Es importante apostar a que la gente se transforme, en el fondo estamos colaborando a un crecimiento. Dejan de huevear para prestar atención a lo que está pasando dramáticamente."
Con relación al desnudo, Silveyra aclara las cosas: "Hay uno solo que dura diez segundos en el personaje femenino, y en el masculino, un poquito más. La puesta no puede caer en nada grotesco. Tiene que ser un erotismo bien denso, nada zafado".
-Sin embargo, es probable que sea el gancho de la promoción.
Silveyra: -Si yo uso el desnudo y hago una nota en top-less para vender, eso ya es otra cosa. En cambio, los músculos de Guevara los podemos vender todo el tiempo...
Ambos se ríen, pero algo de verdad hay en la chanza. Esta semana, el productor instalará en la sala de ensayo los aparatos que mantienen turgente a tanta musculatura.
-Esto es como el gym a escena...
Laport: -Sí (se ríe). Hay una exposición física que, en mi caso, se suma al boxeo y a mi obsesión de hacer pesas más allá de las 14 horas de laburo y los ensayos.
Silveyra: -No es sólo el gym a escena. Sabemos que debemos tener el cuerpo en buen estado porque estamos expuestos físicamente. Hay una exigencia. En mi caso tengo que interpretar a chicas de veinte años, estoy obligada a estar lo más magra y pequeña posible para dar en el escenario veintipico de años menos de los que tengo. Pero no queremos que el cuidado físico se coma al resto.
Con estas armas, con estas dudas, Silveyra y Laport se bajarán del ring de "Campeones" para dar otra pelea sobre las tablas: convencer al público de que son mucho más que Clarita y Guevara. Una buena pelea de fondo que durará diez rounds, las diez escenas de "El cuarto azul".
Miriam Molero y Alejandro Cruz
Domingo 17 de octubre de 1999
http://www.lanacion.com.ar/archivo/nota.asp?nota_id=157629&origen=acumulado&acumulado_id
|