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La felicidad real de Soledad Silveyra
A Soledad Silveyra le encanta Gran Hermano. Ya no podemos creer que lo hace sólo por la plata (aunque $ 25.000 no está nada mal). Le fascina. Ella, la mujer más despistada del planeta, es la primera en acordarse los nombres de los doce participantes, de sus historias, de sus conflictos, de quién con quién... Además, ¿no vieron el entusiasmo que pone? Eso no es una actuación: esa felicidad es real.
Este año, Solita volvió a tener mala suerte con el dinero. Cada tanto le pasa: pierde todo lo que ahorra, le va mal con alguna obra de teatro, invierte y no le rinde. No hay caso, los negocios no son lo suyo. Por eso, la llamada divina de la tercera edición de Gran Hermano fue una especie de salvación. Ella moría por hacerlo. No le importó que le pagaran la mitad que el año pasado (para lo que le sirvió: le quedó todo en el corralón), Solita quería volver a decir adelante mis valientes. Y en Telefé la querían sólo a ella. Tanto, que aceptaron cambiar el día de emisión. Es que Solita hace casi un año integra el elenco de Made in Lanús y no podía trabajar los sábados: los fines de semana está en gira. Por eso, ahora el Día D de Gran Hermano es el martes, cuando ella vuelve a Bs. As.
Y aunque no tiene tiempo para regar las plantas, se hace un huequito para seguir el reality. El año pasado era más fácil. Como tenía insomnio, se quedaba noches en vela viendo los cuatro canales de DirecTV donde pasaban imágenes de la casa. Ahora, las reemplazó por un videocasete. Pidió que le instalaran un televisor y una videocasetera en el motor home donde el elenco de Made in Lanús viaja por el país y mira lo que la producción le graba. Solita tiene otra costumbre: lleva su bicicleta a la gira. Sale a recorrer el pueblo donde actuará a la noche (la bicicleta es una víctima de su despiste porque se la olvida en todos lados) y charla con la gente.
Su compañera de elenco Ana María Picchio (una extraña amistad: se compraron dos parcelas juntas en un cementerio) no la sigue en sus andanzas. Y menos que menos su novio, el calladito Mariano, operador de luces y sonido en Made in Lanús, pujante dueño de una pyme y de un flamante galpón en La Boca. Solita está —como su nombre lo indica— sola con su pasión granhermanezca.
Por Fernanda Iglesias
20.10.2002
http://www.clarin.com/diario/2002/10/20/c-00303.htm
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