Soledad Silveyra

Representada ya por segunda vez en Barcelona, Made in Argentina narra la situación de los argentinos en el exilio, de los que se han ido y de los que se han quedado, con humor pero también con sensibilidad ante una circunstancia ante todo trágica. Soledad Silveyra encarna a la Yoli, una mujer que, pese a las dificultades, rechaza abandonar su hogar ante las promesas de una vida mejor en Estados Unidos. En esta entrevista, la actriz se confiesa próxima a su personaje, y a todos los argentinos que, como ella, han sufrido la realidad de la obra.

Ya es la segunda vez que venís a Barcelona con esta misma obra... Sí, estuvimos en abril del año pasado. Los costos de las producciones argentinas aquí son muy altos por el peso, porque está devaluado, y es muy difícil hacer una publicidad grande más allá del apoyo de la empresa Balañà, que la verdad es que no tengo más que palabras de agradecimiento, no sólo por su calidad profesional, sino por la contención afectiva, que ha sido impresionante. Como no se puede gastar mucho en publicidad, siempre sabemos que, cuando vamos al exterior, nuestra carta de triunfo es el boca a boca, no tenemos otra. Debutamos en Barcelona en abril del año pasado con 25 personas y terminamos metiendo no sé si 600 ó 900 por día, la ultima semana fue una maravilla. Entonces, a partir del éxito de la ultima semana, la empresa nos propuso venir otra vez a Barcelona después de hacer Madrid.

Entonces, ¿estáis contentos con la respuesta del público? Muy contentos, y además muy agradecidos a España y en mi caso particular a Cataluña, porque debo reconocer que esta ciudad es el lugar en donde mejor me he sentido de toda España. Me siento muy bien, la verdad. Estamos muy agradecidos no sólo por nosotros, sino por el teatro argentino en general, y por los actores argentinos. Cuando el otro día le dieron a Héctor Alterio el Goya a la trayectoria, para nosotros fue muy emocionante. Alterio recibe la amenaza de la Alianza Anticomunista Argentina cuando estaba haciendo teatro conmigo, en el año 74. Viajó para presentar la película La tregua y no pudo volver nunca mas a la Argentina. Se vino para aquí y en 30 años empezó de nuevo, y de qué manera. O sea que para nosotros esa noche fue muy emocionante, porque ver a un compañero que llegó con una mano atrás y otra adelante, sin nada más que el apoyo de su mujer, sus hijos chiquititos, y hoy verlo lo que es, qué maravilla... Y la verdad es que se lo merece, porque además de un artista es un hombre extraordinario. La verdad es que estoy muy agradecida a España en ese sentido, por tantos actores que son tan bien recibidos acá, mas allá de los problemas que podemos tener de 80.000 argentinos que teniendo sus papeles no lo consiguen, y sabiendo los problemas que hay de inmigración con los convenios firmados con España, que es un tema que también me interesa. Me interesa mucho el campo social, hasta el punto de que voy a filmar un documental sobre un movimiento obrero argentino. Ahora, a partir de la crisis argentina, hay fábricas que han cerrado y que no han pagado. A trabajadores de 30 años los han dejado en la calle; entonces los obreros se ven obligados a tomar la fábrica y armar cooperativas de trabajo, todo dentro del marco de la justicia, hasta que el juez les da la expropiación. Cuando vaya ahora a Buenos Aires voy a hacer un documental sobre este tema.

También acabas de hacer cine aquí, en España... Sí. Cuando estuvimos en abril del año pasado me vieron Albacete y Menkes y me ofrecieron una actuación especial, muy divertida y muy linda, en la película que ellos hacen con Carmen Maura. Estuvimos filmando una semana en París y después estuve 25 días en Barcelona con la película. Ayer fui a la productora y me contaron que ya habían visto la película armadita y estaban muy contentos. Ahora también me salió otra cosita en Madrid de cine, pero en realidad lo que me gustaría es poder venir a esta tierra a hacer teatro dos o tres meses. Aquí está muy reconocido el teatro argentino. Yo creo que tal vez el actor español se conmueve mucho con nuestro naturalismo, y creo que eso se debe a que nosotros tuvimos una inmigración española, una inmigración italiana, una inmigración rusa... que nos permitieron acceder al método de Stanislawsky en los años 40 y 50. Acá Franco tenía todo cortado. Eso nos dio una posibilidad de entrenamiento, nosotros tuvimos esa posibilidad de formación que no tuvieron ustedes en ese momento, porque Brecht era mala palabra aquí. Nosotros hemos tenido, en ese sentido, un entrenamiento mayor. Ahora ha cambiado la realidad, por supuesto, pero para nosotros el teatro clásico español ha supuesto siempre una clase de teatro, pero no el naturalismo, al que ustedes han accedido con los años.

¿Prefieres hacer teatro? Mi vida es el teatro. Yo empecé a trabajar a los 12 años y he sido siempre una estrellita de la televisión hasta que a los 22 me di cuenta de que si quería tener una vida más interesante había que hacer buenos textos, y de que la formación estaba en el teatro. Desde la obra Sabor a miel, que hicimos con Alterio, me dediqué a hacer teatro, aunque mi pasado no me perdonaba, era “la actriz de la televisión”. Me dediqué a hacer teatro hasta que en el 2001, cuando los bancos se quedaron con todo mi dinero después de 38 años de trabajo, como el de tantos argentinos, me ofrecieron hacer la conducción de Gran Hermano. Gran Hermano en la Argentina es Disneylandia al lado del Gran Hermano de acá: las chicas se bañan vestidas, nunca nadie hizo el amor... es otro universo. Bueno, yo no quería hacerlo, me parecía un horror hacer Gran Hermano, pero bueno, dada la situación económica, lo hice, y la verdad es que hoy no me arrepiento, porque me ayudó a salir y, pese a que me han criticado mucho en mi país, es, como dice Mercedes (Milá), muy duro pero bonito. A nivel popular fue impresionante, vas ganando generaciones... y por supuesto seguí haciendo televisión cada tanto. Pero mi pasión es el teatro. Si pudiese vivir sólo de teatro, viviría sólo de teatro. Y no tengo tampoco grandes pretensiones, no soy mujer a la que le gusten ni las alhajas, ni las pieles, ni los autos. Vivo tranquilamente en una casa en San Telmo, tengo un hermoso sauce llorón, tengo mis plantas, mis libros... Si pudiese vivir del teatro, que no siempre se puede vivir del teatro, yo sería feliz. Ahora vuelvo a la Argentina a hacer la novela más importante de la Argentina a nivel de producción. La hacemos con Natalia Oreiro, hacemos de madre e hija, ella y yo. Me voy a hacer 10 meses de televisión. Me han dado muy buen contrato, que a esta edad ya no es fácil que te paguen como si tuvieras 20 años, y estaré 10 meses con el mayor profesionalismo, haciendo esto, pero tengo en la cabeza volver y hacer teatro.

Volviendo a la obra, ¿crees que refleja con fidelidad la realidad de Argentina? Hay un bocadillo que dice la Yoli: “Hay que estar acá, peleándola de la mañana a la noche sin saber ya qué más podés hacer. Nos pasó todo, y sin saber por qué.” ¿Cómo se pueden quedar los bancos con tu dinero? A mí me ha pasado. No vivo como la Yoli, soy clase media, pero se han quedado con todo, una locura, y yo he llorado una sola vez, pero lloro todas las noches en la obra, porque lo que les pasa a esos personajes nos ha pasado a nosotros. Nosotros empezamos a ensayar esta obra en noviembre del 2001, y el 19 de diciembre del 2001 fue la debacle argentina, cuando nos enteramos que los bancos se quedaban con la plata de los argentinos, y empezamos a ensayar la obra y no la podíamos ensayar, porque eran brotes de llanto y angustia porque nos estaba pasando a nosotros. Creo que la obra refleja a todos aquellos argentinos que, como la Yoli, no están dispuestos a bajar ni los brazos, ni la mirada, y creen que un día en ese país va a haber justicia. Bueno, yo también soy una convencida de eso, y milito para eso. No milito en ningún partido político, pero si milito en la vida, porque creo que es un momento en el que uno debe comprometerse. Yo creo que un actor metido en una cajita de cristal termina siendo mediocre. Hay mucha gente que opina que los actores no nos debemos comprometer políticamente, porque trabajamos para todos los públicos, y lo respeto, pero también creo que aquellos que se quedan en una cajita de cristal no van a poder transmitir lo necesario. Yo, por ejemplo, cuando empecé a ensayar la Yoli, paralelamente empecé con el trabajo de las fabricas y recorrí muchas Yolis, y estoy convencida de que si mi trabajo tiene alguna calidad, me la han dado esas mujeres que he conocido recorriendo los barrios más pobres.

Tu posición, frente a la situación de la obra, ¿sería también como la de la Yoli? Sí, absolutamente. Yo no podría ser Mabel. Esto no quiere decir que a uno no le interese venir a hacer teatro a España, seamos francas, allá no es ideal, a nosotros hacer teatro acá nos favorece mucho.

¿Cómo ves la situación actual en Argentina? Hace cuatro meses que no estoy, pero siento que el nuevo presidente ha hecho un planteo ético importante, empezando desde la Corte Suprema, y creo que hay muchos servicios funcionando. Hay toda una mafia que hay que desmantelar, y ésa es nuestra obligación, tratar de denunciar este tipo de cosas. Creo que el presidente, en ese sentido, está haciendo un planteo ético absolutamente diferente de la porquería que fue este neoliberalismo, que más que un neoliberalismo es un capitalismo salvaje y egoísta.

¿Crees que la obra se percibe de forma diferente en Argentina que en España? Es muy curioso, pero no. Cuando estábamos en Madrid, venían los catalanes y nos decían: “¡Cómo lloré, cómo extraño Cataluña!”, y aquí nos pasa igual, porque el tema del desarraigo es universal. Obviamente, para un argentino es más fuerte la obra, porque es su historia, y por supuesto hay expresiones del texto en las que el español se pierde, pero creo que las diferencias son mínimas. Bueno, no sé a ti que te ha parecido...

Bueno, creo que puede ayudar a la gente de aquí a entender la situación de Argentina... Sí, yo también lo creo, y nosotros nos sentimos embajadores de esa gente, del argentino. Obviamente que la Argentina no es una abstracción, la Argentina está hecha de argentinos, y somos todos responsables de los gobernantes que tenemos, pero las responsabilidades no son todas las mismas. Hay mucha gente que no sabe por qué le ha pasado lo que le ha pasado: le han robado, le han estafado... y creo que somos embajadores de esa gente, de ese trabajador que todavía en la Argentina sigue creyendo en su país y apostando por su país.

Por último, una pregunta técnica: la obra se llamaba antes Made in Lanus. ¿A qué se debe el cambio de nombre? Se puso Made in Argentina porque la gente de otro países no conoce Lanus. Fue una cuestión de mercado, pero yo creo que nos equivocamos, que habría que haber dejado Made in Lanus.

Marta Franco Guallar :.

15/02/2004

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