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“Siempre quise ser una mezcla de Xuxa y Alcón”
En un teatro de Ramos Mejía Solita recibió a Info Región antes de comenzar “Hasta aquí llegó mi amor”. Habló de su debut actoral apresurado, su infancia y su carrera. "Rolando Rivas fue un éxito enorme, lo importante de eso fue saberlo vivir, no habérselo creído”, señaló.
Con la alegría de una función más y con todos los rituales que eso implica, Soledad Silveyra llega al teatro Leopoldo Marechal de Ramos Mejía acompañada por su asistente. La actriz que está presentando “Hasta aquí llegó mi amor” junto a Raul Rizzo, recibió a Info Region y en el camarín del teatro, un lugar sagrado, repasó alegrías y tristezas de su vida y de su carrera, se mostró bella y sonriente, con la felicidad puesta en el brillo de sus ojos y preocupada por los jóvenes de nuestro país. “Me inquieta la educación de nuestros jóvenes, creo que todo debería estar destinado a la educación, y sería una medida necesaria por parte del Gobierno”, señaló.
-¿Cómo fue su infancia?
-Tuve una infancia demasiado triste, entonces he borrado muchas cosas y las que mantengo son las que me dieron fortaleza, pero en realidad soy una hija del dolor. De la infancia recuerdo que me encerraba, para soñar, y escuchaba una canción por la cual me llamo así, “…déjenla sola, solita y sola, que la quiero ver bailar, saltar y jugar”. En medio del griterío familiar me ponía esa música y por eso estoy hoy acá, y necesito ser una transmisora de amor y paz, como diríamos en la década de los `70. Creo que tiene que ver con esa infancia la necesidad de hacerse el payaso, de que te aplaudan, de hacer llorar o reír.
-¿Qué soñaba con aquella canción?
-Seguramente con la libertad, sobre todo cuando uno vive tan oprimido por la desatención de los mayores. Recuerdo que dibujaba el número 20 con laureles que se rompían, porque esa era la edad que sería mayor de edad. Eran cadenas que se rompían.
-¿Se rompieron con el trabajo?
-Empiezo a trabajar a los 12 años, de casualidad, porque había sido una chica de muchos privilegios y de golpe nos quedamos sin nada, se empezaron a vender las alfombras, los platos, sillones, arañas. Un día llegó Selmar Guiñol, que era uno de “Los grandes del buen humor”, excelente actor y amigo de mi familia. Vio que me encerraba en el baño y hacía una de mis escenas y me preguntó si no quería ser actriz. Le dije que quería ganar plata y comer. Me llevó a Canal 11 y me hizo dar una prueba en un teleteatro en el que trabajaban María Aurelia Bisutti, Rodolfo Salerno y la tana Rinaldi. Entré y de ahí no paré. A los 15 años volví a comprar los muebles de mi casa y me hice una mujer independiente. Después hice “La familia Falcon”; una película que se llamaba “Hotel alojamiento”, “El amor tiene cara de mujer”. También grabé con Palito (Ortega) a mis 15 años “Un muchacho como yo”, y con Sandro “Quiero llenarme de ti”. Después a los 20 llegó “Rolando Rivas taxista”.
-¿Cómo fue trabajar con Hugo del Carril en “La mala vida”?
-Hugo era un tipo maravilloso, no lo vi mucho porque no tenía muchas escenas con él. Lo que escuché de él, lo que presentí y viví es que fue un gran compañero, un tipo que nunca hizo uso de nada, ni siquiera de su ideología y eso es muy respetable. Cuando tuvo que ser crítico fue crítico, no era un peronista ciego.
-Vuelvo a Rolando Rivas. ¿Cómo vivió ese éxito?
-Fue un éxito enorme y lo importante de eso fue saberlo vivir, no habérselo creído. Venía tan golpeada por la vida y una alegría así fue bueno, pero una aprende a defenderse bien del elogio y el ataque, a veces el elogio puede hacer tanto daño como un ataque si uno escucha tanto, y la gente tiene la costumbre de elogiar. Hay que cuidarse mucho de eso.
-¿El crecimiento llegó después de Rolando Rivas?
-Solita siempre quiso trabajar, luego quiso ser prestigiosa y no popular, y en el fondo siempre apunté en mi carrera a ser una mezcla de “Xuxa” y Alfredo Alcón, no lo soy, pero por momentos soy más Xuxa y por momentos más Alfredo. Me divierte andar en ese hilo.
-¿Qué significó para usted Alberto Migré?
-Alberto fue la gran oportunidad que me dio la vida, me dio el teleteatro que todos los argentinos llevan en su inconsciente colectivo. Le debo eso, ser una actriz popular y haberme escrito en los personajes como “Mónica” o “Pobre diabla”, pasaron 30 años y la gente se acuerda. Fue un gran acto de contricción como escribía Alberto el género del teleteatro, que es un género admirado.
-¿ Como vivió los años`70?
-Estaba casada con Jaramillo, el padre de mis hijos, un hombre que estaba metido en la política en ese momento, y me acuerdo que me escapé de casa con una amiga para ver la asunción de Cámpora, meterme para ver cómo era, qué significaba el peronismo proscripto, y no podía entender los 18 años de proscripción. Como tampoco podía creer desde chiquita que Frondizi se quedara con los votos, pero como estaba con un desarrollista no decía nada (se ríe).
-¿Qué le pasó cuando protagonizó “Eva y Victoria”?
-Todos los trabajos con la China (Zorrilla) fueron maravillosos y ese en especial. A mí me encantaba hacer Eva, me pasaba por la sangre, fue uno de los personajes que más sentí en mi vida, no había estado anímico que pudiera conmigo, lo tenía metido en el alma. Primero fue placer por eso, porque los personajes fluyen, y además con la Zorrilla arriba del escenario, todas las veces la pasamos muy bien.
-¿Qué puede decir de China?
-La madre que no tengo.
- Cine, teatro o televisión, ¿dónde se siente más cómoda?
-Hoy no quisiera trabajar más. Si pudiera jubilarme lo haría, si tuviera una jubilación, pero los actores no la tenemos, ni tampoco derecho de intérprete, hay que seguir trabajando. Creo que por eso tenemos esas maravillas como Lidia Lamaison o la China.
Si me preguntás qué quiero, digo que quiero parar.
-¿Qué tiene que tener hoy una actriz?
-Humildad, fundamental tarea en la vida. Sobre todo en los que estamos un metro más arriba es mucho más necesaria, y por otro lado, responsabilidad.
-¿Cómo ve al país?
-Me siento contenida, hace rato que no me sentía así. Siento que este gobierno me contiene, hay cosas que no comparto pero en general siento que hacía falta un poco de carácter. Esto que se dice que el presidente (Néstor Kirchner) es un mandón y hay que hacer lo que él quiere, no lo percibo tan así. Algo está cambiando. Ojalá no sea una traición más, yo me juego, ojalá que no me equivoque.
7 de Setiembre de 2006
Autor: Beto Solas
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