Soledad Silveyra: "Lo mejor es que no me la creí"

La novela de Solita” podría ser el apelativo para la tira diaria que va a protagonizar Soledad Silveyra. Pero también podría, tranquilamente, titular su biografía.

E incluso apenas alguna etapa de su vida. Podría hablar de alguno de esos amores tan intensos que tuvo, o de este romance largo, larguísimo, entre una actriz y un público que vuelve a decirle que sí, una y otra vez. Un público que la convirtió en la chica de la que todos se enamoraron, cuando todavía no había cumplido los 18 años, y que le confiere el raro privilegio de seguir consagrándola como heroína de telenovelas cuando ha pasado (hace un ratito) los 50.

Soledad Silveyra ya prepara su personaje para la que será la apuesta romántica de Telefé para los mediodías. La ley del amor o Justicia de amor —los títulos que suenan más fuerte hasta el momento— ocupará el espacio de las 13.30 que hoy tiene Se dice amor y que el año pasado llegó a desbancar en las preferencias de la audiencia a todos los programas del horario central nocturno cuando la propia Solita y Osvaldo Laport llegaban a casi 30 puntos de rating con Amor en custodia.

Del mismo productor, Enrique Estevanez, esta nueva novela escrita por Gustavo Barrios (Campeones, también con Soledad como Clarita) tendrá a la actriz en la piel de una jueza de decisiones tan derechas como sinuosos son los caminos de su pasado sentimental.

Y Silveyra va. En esa mezcla de arrojo y responsabilidad que la caracteriza. Avasallante hasta para equivocarse. Rápida hasta para pedir perdón. La misma mujer que mostró la cola en primer plano en el final de Amor en custodia es la que ahora recorre juzgados incansablemente buscando “la ética” de su personaje.

La misma del super criticado “Adelante mis valientes” con que recibía a los participantes del primer Gran hermano es la que hoy intenta que algunos de esos chicos tengan la oportunidad de formar el elenco de su novela. La misma que reconoce el deseo profundo de dedicarse cien por ciento al teatro y “vivir de gira” es la que sabe, a conciencia plena, que se está cargando en los hombros todo el peso de esta novela.

Como siempre, como cuando tenía 12 años y aceptó trabajar en la televisión no porque le divirtiera ser actriz sino porque era la forma más rápida de darle de comer a su familia en plena debacle económica. Como siempre, como cada vez que pensó en el amor antes que en “el marido”, en la pasión antes que en el respaldo, en el riesgo teatral antes que en los ahorros, en su libertad antes que en su imagen. Puede decirse entonces que, en un sentido, “la novela de Solita” está en marcha desde siempre. La otra arrancará en una semana, cuando el elenco se junte a leer los libros por primera vez.

Otra vez larguísimas jornadas de grabaciones o, como alguna vez dijiste sin ninguna originalidad “de casa al trabajo y del trabajo a casa”.

¿Qué tan importante fue haberte tomado este año de descanso de la televisión?

Fue fundamental. Con Amor en custodia me gané las vacaciones de enero y febrero: recorrí el sur de nuestro país y después me fui al campo con toda mi familia, esos veranos lindos donde uno puede juntar a toda la familia… Yo creo que uno trabaja para eso, para poder hacer eso.

Y también trabajaste, pero en México.

Disfruté mucho de esos tres meses. Estuve trabajando a brazo partido como invitada del Amor en custodia de allá, porque si nosotros trabajamos, los mexicanos trabajan diez veces más: son jornadas de 18, de 20 horas… terrible, te-rri-ble lo que trabajé, pero la pasé bomba, muy divertido. Porque cuando uno está de vuelta, que en dos meses te conozca todo un país, era una cosa que yo lloraba. Y lo mejor es que como no me la creí, lo viví todo como una aventura, como algo que me pasaba ahí, una vez, y lo tengo todo guardado como un sueño.

Como 90 kilos tuvo que engordar Solita al llegar de México. Es que apenas aterrizó empezó con los ensayos de Hasta aquí llegó mi amor, la obra de Ismael Hasse que la tiene de gira por todo el país junto a Raúl Rizzo. “Es una obra que habla de la dependencia femenina, y como en esta dependencia la mujer que interpreto se puso gorda, me tengo que caracterizar el cuerpo y resulta muy gracioso. Todos nos divertimos, pero la gente la pasa mejor que yo porque, la verdad, adentro de ese traje sufro mucho.” Todo se paga, comenta, con esos abrazos de medio minuto que le dan las señoras cuando llega a un pueblo, en un cariño que la tele da, pero de lejos. “Yo viviría haciendo gira —asegura—, lo que pasa es que uno no tiene la vejez asegurada, entonces hay que seguir produciendo.

Pero en cuanto pueda mi vida va a ser subirme a un micro y andar de gira. Un poco lo que hace China Zorrilla. Con cada obra está como cinco años haciendo gira…”

¿Volverías a conducir un reality show?

Te voy a confesar que cuando escucho la musiquita de Gran hermano que viene es como que me agarra una cosita. Hay algo mío ahí adentro. Si lo veo hacer por otro, creo que me va a doler.

A menos que sea un escándalo tan grande, que termine diciendo bueno, menos mal que no me metí. Además, con la novela no podría. Porque yo no iba a poner la cara ahí: yo miraba todo, todo. He visto cosas que no han visto los editores… Sobre todo los agarraba a la madrugada que era cuando ellos más se largaban a hablar. Y me siento feliz ahora cuando veo a algunos de ellos que han hecho carrera. Silvina Luna hizo algunos capítulos de Amor en custodia y me encantaría que en esta novela volviera a estar; veo a la (Ximena) Capristo en “Bailando por un sueño” y no lo puedo creer. A ellos les costó mucho sacarse el mote de Gran hermano. Es como que entran a un lugar para tener la posibilidad de laburo y después el mismo lugar los crucifica. Y la verdad es que han puesto mucha garra.

La experiencia del reality le dejó a Silveyra una impronta más profunda, convertida casi en necesidad: la de conducir un programa periodístico. Tuvo algunas buenas ideas que no llegaron a intento, pero esta mujer poco acostumbrada a rendirse (menos que menos en cuestiones de trabajo) se ríe y asegura que “sigue participando”. La propuesta más reciente le llegó con el nombre tentativo de “Salud, dinero y amor”. Con casos como separar siameses (salud), el de la empresaria número uno de México que es argentina (dinero), o la pasión por Perón (amor), Solita repartiría el juego y analizaría las historias.

¿Cuál es el secreto de tu vigencia?

Creo que soy comparable a muchas actrices argentinas, desde Ana María Picchio a Susú Pecoraro, Leonor Manso, montones, que yo conozco desde que empecé a laburar. Yo soy la más teleteatrera, a lo mejor tiene que ver con eso que la gente me sienta cerca. Y que me apoyen tanto en lo que hago. Pero lo vivo sin darle demasiada trascendencia, porque ya son 42 años de profe sión y en ellos he pasado por todo: estar arriba, abajo, a la derecha y a la izquierda.

Pero la gente renueva su “contrato” con vos, y una de las cosas que se te elogian es tu capacidad de reconocer errores y de actuar, bien o mal, con franqueza.

Soy fatal. ¡Será por eso también que no tengo marido! No sé si es un mérito: no se ocultar cosas, por eso digo todo, cuento todo. Eso está muy lejos de la “diva” (hace gesto de desagrado). Eso no es ser una estrella.

¿Qué es el éxito?

Es armar un lindo equipo de trabajo, en el que todos se sientan bien y tiren para adelante.

¿Y qué es ser una estrella?

Las estrellas están para mirarlas allá arriba. Yo tengo los pies en la tierra y la mirada, sí, en las estrellas.La triste historia de una bella jueza y sus amores perdidos

Con Raúl Taibo y Sebastián Estevanez como galanes, esta telenovela es, según su heroína, “la historia de amores perdidos que se vuelven a encontrar”. Su personaje es el de una jueza: “una mujer que ha sufrido muchísimo, le ha pasado de todo, y se ha refugiado en su trabajo, como tantas de nosotras. De cualquier modo, ella supo sobreponerse, y en un momento en el que cree que ya pasó todo, en realidad empieza a pasar todo”.

En castellano, y aunque la discreción de Solita la lleve por eufemismos, ella conoce a Sebastián Estevanez cuando éste es acusado injustamente de un robo. Y las complicaciones surgirán cuando descubra que es el hijo de un ex novio, el gran amor de su vida: Raúl Taibo. También jugará sus cartas en esta madeja la relación entre Estevanez y Sabrina Garciarena. Los otros integrantes del elenco de La ley del amor confirmados hasta ahora son Arturo Bonín, Graciela Stefani, Gigí Rua, Leonora Balcarce, Federico Amador, Matías Santoianni, Mayte Zumelzu, Néstor Sánchez y Gabriela Sari.

“El trabajo que hice hasta acá fue el de recorrer juzgados —cuenta Silveyra—; intento interiorizarme del discurso, de lo que es la ética de un juez. Además estoy leyendo mucho, cosa que me cuesta porque hay una terminología que muchas veces no entiendo, y entonces tengo que preguntar. Así que le estoy muy agradecida a la cantidad de juezas que me han recibido y con la onda que lo hicieron. Ahora estoy trabajando con la imagen del personaje: creo que me voy a recoger el pelo; y en cuanto al carácter, se supone que una jueza es una persona rápida, con una energía muy especial, gente muy ejecutiva. Por eso algunas amigas me dicen que no componga un personaje, que no hay necesidad: pero si así sos vos, ¡tenés que ser vos, y listo!“

Adriana Bruno

abruno@clarin.com