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Solita.
La seducción de poder
A los 57 se enamoró de Chacho Alvarez, entrevistó a Cristina Kirchner y al presidente Lugo para la tevé y quiere charlar con Chávez. ¿Cayó en las redes de la política?
Dice que está tratando de concentrarse; de quedarse con lo esencial, de tener una actitud de despojo, acaso inédita, de aquello que no es necesario. Al fin, entre los grandes titulares -pocos- que pueden hacer la
crónica de la vida de cualquier ser humano, ella puede darse el lujo de proyectarse en cada uno. A media tarde, en el microcentro asunceño, en la capital del Paraguay, el cielo va tejiendo sombras. Ella viene de entrevistar al presidente Fernando Lugo, donde -aunque confesará que le cuesta la repregunta- no escatimó en meterle el dedo en la llaga del machismo local atravesado por un escándalo -las múltiples paternidades que le atribuyen- que amenaza con restarle confianza entre sus seguidores. Pero ella, Soledad Silveyra, en formato conductora de tevé, tiene las puertas abiertas en las venas de América latina. Y los presidentes que no quieren vérselas con el periodismo mano a mano aceptan, gustosos, una hora con la actriz que conduce el programa Un tiempo después. Abrió fuego con la presidenta Cristina Fernández, y están en carpeta el venezolano Hugo Chávez y el boliviano Evo Morales. Nuevos aires de un poder que se ejerce, en ciertos aspectos, desde la fascinación que da la fama: "Cómo me iba a negar a una entrevista usted, si la sigo desde las telenovelas de los "70", tiró Lugo cuando Sólita le agradeció haberla recibido en la residencia presidencial. Para todos, acá. "la casa de Stroessner".
De ahí venía cuando nos encontramos en el lobby de un hotel de Asunción, que no claudica en su realismo mágico: noche cerrada a la hora del té; verano en pleno otoño (el termómetro trepó a los treinta grados).
"Recolecto frases", suelta Solita apenas se acomoda en el sillón. Y lee una. "Es para enriquecer el vocabulario, recuperar el valor de la palabra. Me di cuenta de que hablaba mejor cuando tenía treinta años. Estoy sorprendida de haberme embrutecido un poco", sonríe. Y uno la reconoce en esa sonrisa. Aunque tampoco será como ella exagera. Una razón la hizo acudir a las frases hechas: "Hay una reducción del lenguaje que me parece muy vertiginosa", argumenta. La preocupa, dice, la capacidad que tienen los jóvenes para hablar y expresarse con un vocabulario mínimo. Sabe que la irrupción de las nuevas tecnologías está íntimante relacionada con esa transformación que desvela a más de un lingüista en todo el mundo. Y a ella, a Solita, le duele ir en desmedro de la palabra y-arriesga- de lo colectivo. "Todo ahora es unipersonal. No existe lo colectivo. Y la sociedad funciona así. No hay una actitud de diálogo ni de debate. Nohay protagonistas de la historia, no tenemos un sueño común. Y para mí la vida es la posibilidad de lo imposible, de eso que sólo pasa en los sueños."
A mi me asombra casi como pesadilla el cholulismo de los poIíticos con el poder del famoso.
Que un presidente le dé una nota a una actriz/conductora no me parece tan problemático. Yo soy una laburante. Y en un punto entiendo por qué lo hacen y es cierto que el periodismo toma partido, que está dividido y politizado.
Y estos entrevistados, al decidir quién quieren que los entreviste, también toman partido. Lástima que no haya forma de dialogar aunque se piense distinto.
Es verdad, pero tampoco me quiero meter en las internas que se generan entre los medios por estas situaciones. Quiero estar afuera de eso.
¿Cómo te viste en la entrevista con la presidenta Cristina, por ejemplo?
En algún punto, sentí que me pudo. No sé por qué, pero sentí que aflojé en algo.
Te sondearon para las próximas elecciones.¿Por qué no aceptas-te una candidatura?
No vino del oficialismo. Y tampoco hubo una propuesta formal; sólo fueron sondeos. Pero me gustaría, algún día, tener gestión de gobierno. Y para eso, tengo que creer en un proyecto. Y en este momento ese proyecto no está.
Entrara la gestión pública,¿noes poner en juego el capital que te dio el público como actriz?
No. Porque si yo creo de verdad en algo, ni me pondría a pensar en eso. La gente pide gestión, eso de "pago mis impuestos, quiero ver qué se hace con la plata". Forma parte de la corrección que les falta a los partidos políticos: saber de dónde salen los dineros para las campañas, cómo se bancan los candidatos, solucionar el tema de las listas sábanas. Ahí hay que hacer un cambio.
¿Y cómo empezarías un proyecto para llegar a eso?
Recuperando la mística. La política perdió la mística y la posibilidad de creer en un proyecto nacional. Necesitamos un Estado responsable que tenga continuidad. La gente reclama esa oportunidad de creer. A veces el reclamo tiene un tono tan antagónico que me preocupa. Y no creo que pase por el piquete ni por cortar calles. Pasa por la construcción, por dar un debate en serio.
¿Le achacarías ese cortocircuito al gobierno actual?
Para la política hay que tener un carácter muy especial. Cuando fui candidata del ARI en 2003, Zuleta Puceiro (el analista político) me advirtió: "Solita, vos sos actriz y estás acostumbrada a que la gente te quiera y si no te quieren, nadie te lo dice. Con los políticos pasa lo contrario".
Y lo supo cuando llegaba a una ciudad donde no era Solita sino una candidata del ARI y todo a su alrededor se asemejaba a un páramo. "¡Qué soledad!", recuerda Soledad.
De familia antiperonista. Ella, más que anti, prefiere decir que no es peronista. Uno de sus hijos, incluso, es funcionario del PRO. Sin embargo, echando un vistazo a los '70, cuenta que se emocionaba al ver "a las columnas de la Juventud Peronista entrando a la Plaza de Mayo en alguna movilización". Ella iba porque la emoción ajena. Era público de un espectáculo que la hacía llorar.
Aquella, tu generación, soñaba con cambiar el mundo. Qué contradicción con el hoy, ¿no?
Sí, claro. Teníamos sueños, algo que ahora nos cuesta mucho como país. A mí me gusta la palabra utopía, aunque te digan que suena a zurdito. Y como argentinos, hay que reconocer que tenemos ciertas patologías. Somos un prototipo del blanco/negro, peronismo/antiperonismo. Y eso es lo que habría que transformar.
¿Qué respondes a la pregunta de qué nos pasó para llegar acá?
Pasaron los 70, que marcaron mucho. Y nos paso de todo. Estamos en la cultura de que te tocan la cola y no reaccionas. Estamos como "porreados", como en una levedad. Fíjate de qué hablamos ahora: de tener un capitalismo más humano.
Se ríe Solita. La frase suena como un disparate o un chiste. O mínimamente, como algo que es incompatible.Yagrega: "Tampoco hay gente joven en la política. Hay un gran vacío de jóvenes en la dirigencia; no se forman cuadros políticos. No podemos generalizar: mi sobrino Mateo está metiéndose a nivel universitario. Pero a los chicos de hoy les cuesta mucho hacerse un lugar".
Al té para calmar un dolor de garganta le sigue un café doble y agua mineral. Solita menciona el paso del tiempo y las cosas que todavía siente que le falta concretar para encaminarse a una vejez plena. "Lo único que quiero es llegar entera, independiente, con capacidad de decisión", define. A los 57, empezó a pensar en el punto que avizora veinte años más adelante. Es sólo una referencia.
¿Te asusta?
No, no me asusta. Siento que se va, que el tiempo pasa. Entonces lo que me produce es la necesidad de ser hoy lo más plena posible.
Además de cumplir años, ¿qué fue lo que marcó esa certeza?
Ser abuela. Eso me marcó un antes y un después; me dio un nivel de profundidad, de tener una noción del tiempo distinta. Veo a mi hijo con su hija y digo: "Cómo pasó el tiempo...
¡Guau! Se fue". Ya la vez siento eso de "ya está, me voy tranquila, ahora siguen otros".
Es muy fuerte esto que decís.
Mucho. Pero la vida está siendo muy generosa conmigo. Estoy en un momento privilegiado y la experiencia vivida me permite tomarlas cosas en lo esencial, aprovechar el momento a pleno y darme cuenta de que, dentro de veinte años, voy a tener casi ochenta.
Inés, su nieta, es la última sonrisa que ve antes de irse a dormir. Le sacó una foto con e celular cuando la beba se paro por primera vez. Y puede caerse el mundo a su lado que ella tendrá sueños. "A mi nieta la disfruto cuando puedo. Hace unos días que no la veo porque estuve trabajando. Eso me desespera", confiesa. Se autodenominó "la abuela loca" para diferenciarse de la otra abuela, "una madraza que te
hace tallarines caseros,; quien sí puede disfrutar mas tiempo de la nena.
Cero rollo con el abuelazgo, entonces.
Para nada. Siempre pensé que iba a ser una abuela joven, pero como tenía dos hijos varones también imaginé que a lo mejor esa cuenta no me salía. Y no salió del todo.
Cierto halo mágico parece cubrirle la espalda. Suena extraño, justo en ella, que es siempre de encarar hacia adelante. "Es cierto, si no llevo la bandera, soy el tambor de Tacuarí. Pero, a veces, siento que las cosas me salen porque tengo un ángel de la guarda."
Es que el amor le está rondando y le da golpeteos en la boca del estómago. Aunque aclara que "a esta altura, a esta edad" hablar de estar de novios o de estar enamorada no son los términos adecuados.
Y no porque le reste méritos a su relación con Carlos Chacho Alvarez, ex vicepresidente de la Nación, candidato a asumir el gobierno de un corazón inquieto. "Este amor es maravilloso, llega a un lugar donde estás porque querés estar ahí, con toda la libertad del mundo." Y esta Solita que declara haber claudicado en cualquier forma de posesión -esa cualidad amorosa tan femenina, al fin y al cabo-, se convence de que esta vez es distinto. "La construcción del ego te agota, ahora siento que voy por la construcción del alma. Uno se dice: 'Vamos a vivir esta etapa, la tercera edad, de una manera más relajada'."
El amor de Solita y Chacho comenzó a la vieja usanza, en forma epistolar, pero con las técnicas de ahora, mandándose e-mails. Ella lo entrevistó para su programa en Montevideo, Uruguay, donde el reside, por su cargo como presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur. En ese momento, no hubo campanillas. Al contrario: al día siguiente él se infartó. Ya se conocían desde la epoca de la Alianza que él formo y llevo al gobierno con Fernando de la Rúa: y donde ella participo como tantos otros artistas. Admiración - aclara ella- era lo que siempre le había despertado Pero un día él, Chacho, decidió escribirle un e-mail que ella contestó y que él respondió. "Yo estaba un poco más huidiza', confiesa Soledad, quizás usando la vieja táctica de hacerse rogar un poco. ¿O será fobica?"Fóbica no, soy una loca de la verdad. Cuando veo que me gambeteás un poquito, chau. Por eso ningún hombre me duró más de siete años, excepto (José María) Jaramillo, el papá de mis hijos. Nos separamos a los diez años de matrimonio." Como sea, esa maraña de e-mails Montevideo-Buenos Aires esta guardada: "Descubrí que, ademas, es un poeta". Queda confirmado: está enamorada.
Bueno, en los e-mails, tan impersonales en algún sentido, se puede mentir bastante.
No en este caso.Los dos sentíamos reciprocidad.
Está bien, no vamos a ser aguafiestas. Fue algo desubi-caao ese comentario. Y queda desmentida cualquier duda siendo que cuando él viene a Buenos Aires comparten el departamento de dos ambientes que le dejó su ex mujer, tras la separación. Un dos ambientes, dicen, donde apenas se puede maniobrar de tantos libros y discos. Pero que con la llegada de Sólita, en la heladera aparecieron los yogures para el desayuno que prepara... ¡él! Un romántico.
La cotidianeidad hizo que no sólo se conocieran los hijos (la familia de ella está chocha con Chacho), sino que hasta discutieran por el control remoto: entre el Gran Cuñado que ve él (ganador de la primera edición de esta saga de ShowMatch) y algún programa que le interesa a ella. Por ahora, ganan las carcajadas de él con las parodias de sus compañeros de rubro. Sin embargo, Solita sorprende con algo inesperado para tanta miel: "Soy difícil. Me cuesta mucho creer en la felicidad.Me cuesta entender que puedo ser muy amada. Tuve que batallar mucho en la vida. Me defiendo. Uno tiene que saber sentirse amada, poder sentirlo". Algo que, confiesa, se lo están haciendo notar.
Texto: Alba Piotto
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